Miedo, un miedo intenso, es lo que sienten todas las mujeres víctimas de violencia. No es para menos cuando se escuchan las manifestaciones que hicieron en la misma sala de un juzgado especializado en violencia machista un juez, una fiscal y una letrada de la Administración de Justicia, una vez terminada la vista por una demanda de amparo contra un maltratador.

Cada vez que hay una mujer asesinada se explica si había puesto denuncia o no. La mayoría de las veces no consta ninguna denuncia, y se repite el número de teléfono donde hay que hacerlo. Parece que la sociedad se lava las manos, avisa a las que vendrán a engrosar la lista y la carga de la prueba pasa a la víctima.

Y ahora, por enésima vez, las mujeres comprueban que no pueden confiar en la justicia. No basta con que el juez haya aceptado ser retirado del caso. Él es una anécdota más en el largo rosario que ha llevado a alcanzar la cifra de casi un millar de mujeres asesinadas, el terrorismo más grande en la historia de la democracia española.

No basta con leyes ni con juzgados especializados si la sociedad no hace una apuesta decidida por la equidad de sus miembros. Una apuesta por un punto de vista que nos haga ver que todo el mundo estamos sujetos al derecho a una vida digna. Es una cuestión que requiere nuevos parámetros educativos. Por ello, hay que saludar con alegría todos los esfuerzos que se hagan en este sentido, como la nueva ley que ha aprobado el gobierno de Castilla-La Mancha, que incluye el trabajo en las escuelas.

Mientras tanto, las entidades como la Asociación invia seguimos trabajando para que las mujeres se sacudan el miedo y cojan confianza. Toda la sociedad tenemos que trabajar por el presente con la esperanza puesta en otra generación que pueda reconocerse en la igualdad de derechos y obligaciones.

 

 

Manolita Sanz
Miembro de la Junta de la Associació invia