Dos resoluciones judiciales recientes ponen el dedo en la llaga en la cuestión de los menores abusados. Las dos absuelven a los demandantes.

Una, el caso de una niña abusada por un conocido desde que tenía 5 años hasta los 10, porque entiende el juez que la niña iba voluntariamente a casa del abusador cuando, dice, podría haberlo rehusado. La otra, el conocido caso de los Romanones, que afectaba a un cura de Granada, denunciado por un joven del cual abusó, porque el juez resuelve que no se ha podido demostrar de manera fehaciente el abuso, que se sustenta, sobre todo, en las declaraciones del abusado.

Ambas historias nos llevan a reflexionar sobre los inicios de los abusos. Una niña, un niño adolescente, son seducidos por un adulto. Así es como acostumbra a iniciarse la desigual relación. Al cabo de los años, el niño o niña, el adolescente, que se ha convertido en persona adulta comprenderá que los problemas conductuales que te derivarán de su infancia, buscará en los recuerdos y encontrará el origen en aquellos ratos que ha querido enterrar en su mente para sobrevivir en paz.

Cuando comprende que le hace falta sacar a la luz el episodio, ya da un paso doloroso. Si, además, llega al convencimiento de que la persona que lo sedujo a él y, quizás a otros, ha de recibir un castigo, lo denunciará. Y entonces se encontrará con el procedimiento judicial.

Necesitará un abogado o abogada que le crea, tendrá que reencontrarse con el agresor durante el juicio, sabrá que lo niega todo… Y al final, se podrá encontrar con el juez diga que no hay suficientes pruebas y teniendo en cuenta la falibilidad de la memoria, le absuelva. Y ano digamos cuando la demandante se sienta juzgada por no haberse resistido como una moderna Maria Goretti, aquella santa de mitad del siglo XX que murió en el intento de defenderse.

¿Puede extrañar que haya tan pocos casos de abusadores que llegan a juicio, teniendo en cuenta como está de extendido este maltrato en la sociedad? ¿Quién tiene ganas de aumentar los sufrimientos con la absolución de su verdugo?

Ciertamente, es un panorama desolador, pero dejando a un lado el hecho de denunciar la situación, es necesario dar fortaleza a las personas para que puedan superar los traumas y vivir con plenitud. Es lo que hace “in via” cuando dedica sus esfuerzos como entidad a hacer prevención, defender y apoderar mujeres, infancia y cualquier persona que haya sido víctima de abusos y violencia ¡A su lado, siempre!