Trabajar desde la interseccionalidad

Kandi Arasa, profesional del equipo educativo de la Casa d’acollida de Associació in via dónde atendemos integralmente a mujeres supervivientes de violencias machistas y del tráfico de personas con fines de explotación sexual, ha escrito un artículo en el Social.cat sobre cómo entendemos las diferentes discriminaciones e interseccionalidades desde la entidad, y cómo trabajamos a partir de ello con las personas que atendemos. Puedes leer el artículo original en catalán en Social.cat o bien a continuación:

“Antes de empezar a hablar de cómo se trabaja como educadora dentro de un recurso de Associació in via desde una perspectiva interseccional, me gustaría presentarme con cuatro pinceladas. Soy una mujer de 34 años afrodescendiente y de clase obrera, que ha crecido en una sociedad cisheteropatriarcal, racista, capacitista, tránsfoba, y muchos más, que si lo menciono todo me faltan hojas. Desde bien pequeña he querido ser, un ser libre, pero contínuamente he chocado con una sociedad que me ha dicho cómo tenía que ser y ha sido de todo menos un ser libre. Poco a poco, he intentado deconstruir aquellos límites establecidos y he intentado ser consciente de las opresiones que me oprimían, revisando las que podía generar yo también. En todo este camino de aprendizaje, deconstrucción, autocuras y acompañamientos que es la vida, me he encontrado con las heroínas que habitan Associació in via y junto a ellas he podido continuar labrando una sociedad más igualitaria.

Cuando ellas llegan al recurso, miramos de arroparlas desde el amor, abriéndoles las puertas de la casa y las de nuestra alma. La primera vez que nos vemos, están rotas por dentro… Y muchas veces por fuera también. Los primeros días, sus miradas están llenas de miedos y de inseguridades y en muchas ocasiones se mueven desde la introspectividad, caminando de puntillas. Poco a poco, van pasando los días y se van relajando y empiezan a salir los demonios. Demonios que les han provocado, personas, espacios, momentos. A cada una de ellas les sale de una manera: con lloros, con ira, con angustia… Y allí están ellas, mirando a los ojos a sus demonios, haciéndoles frente. Nosotras estamos a su lado, dándoles la mano y recordándoles que no están solas, que estamos allí para hacer este camino con ellas. Se empiezan a generar lazos, comienzan a surgir relatos escalofriantes y pueden empezar a poner nombre a sus sentimientos, dando luz a las soluciones. Poco a poco, desde el ritmo de cada una, se empieza a dar forma a una nueva vida donde se empiezan a generar sinergias increíbles entre la persona, las compañeras de casa, y el equipo educativo.

En el día a día en el recurso se intenta encontrar la rutina compartida entre criaturas, jóvenes y adultas. Unas, de un lado del mundo, y las otras del barrio de al lado, unas de una clase social, y las otras de otra, cada una con sus orientaciones, unas racializadas, las otras no. Pero, pese a ello, en el día a día se generan relaciones de igualdad y de curas. Hay momentos en que las conversaciones se dan entre una mujer blanca adulta occidental, una joven de origen asiático y una joven africana, cada una con su recorrido y unas experiencias diferentes a las otras, pero se intentan transmitir estrategias que les vienen bien a todas, ya que en el fondo hablamos de lo mismo. Porque, al fin y al cabo, están atravesadas por el mismo dolor, que es la desigualdad que les ha generado vivir un episodio de violencia de género y se ha sumado a las opresiones que ya llevaban cada una en sus mochilas (capitalismo, racismo, clasismo…).

Para mí, trabajar desde la interseccionalidad, quiere decir que me tengo que quitar mis privilegios y tengo que conectar con las opresiones que traviesan a estas personas.

Fundiéndome con su situación, sintiendo aquello que sienten en la medida de lo posible (porque su vivencia tan sólo es suya). Sin perder en ningún momento de vista sus necesidades y pensando cuál sería el acompañamiento que me gustaría tener a mí en su situación. En este punto, me gustaría imaginar que me pongo una venda en los ojos y empiezo a trabaajar sin mirar cuál de ellas es la que va de la mano.

Como equipo educativo, procuramos que los malestares, heridas y dolores que se han generado a causa de la desigualad vayan desapareciendo, hasta que ellas con sus éxitos puedan volar libres de nuevo, fuertes y empoderadas.

Para finalizar, me gustaría dejar unas palabras de Brigitte Vasallo:

La violencia que yo vivo tendría que servirme para entender todas las violencias. Sufrir acoso machista debería servirme para entender el acoso racista. Nunca es verdad que el eje de poder que me oprime a mí o a ti sea el más grave o el más sistémico“.


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