«Olimpo» es el nombre que desde la Asociación invia le dimos a nuestro proyecto de trabajo con familias que se encuentran en situación de violencia filioparental. Pensamos en Olimpo como la montaña mitológica escenario de los grandes conflictos, guerras y enfrentamientos protagonizados por los dioses y diosas griegos, pero también como el lugar donde todo se puede solucionar.

Partiendo de esta idea más poética, queremos explicar de dónde viene nuestra especialización en este tipo de problemáticas. En el año 2008-2009 empezamos a detectar que muchas de las familias que asistían al Servicio de Orientación y Mediación de la Infancia y la Adolescencia de la entidad para ser atendidas por un conflicto entre padres/madres e hijos/as adolescentes, al cabo de unas sesiones acababan hablando del gran secreto, la gran culpa: en casa, los conflictos estaban llenos de insultos y desprecios de hijos e hijas hacia padres y madres, en algunas ocasiones, incluso acompañadas de rotura de objetos y mobiliario y de agresiones físicas hacia los progenitores. Se daba la situación que en la mayoría de los casos que nos llegaban, estos jóvenes también consumían tóxicos, circunstancia que explicaba su falta de control y sus explosiones de ira.

A medida que íbamos profundizando, detectamos que la problemática era mucho más compleja, que había una dinámica familiar disfuncional, que no se trataba sólo de explosiones y momentos de conflicto, sino que la familia en algún momento había comenzado a ceder, a sobreproteger y a dejar hacer… hasta que todo se había ido volviendo oscuro progresivamente.

Creemos en las posibilidades de estas familias, donde la estima y el amor que hay está escondido, pero aún así existe, sólo hay que buscar un poco para reencontrarlo. Por ello, desde el programa Olimpo les ayudamos a crear una historia alternativa de su historia, a fijar la mirada en los momentos positivos, como primera premisa para poder hacer un cambio de dirección.

Actualmente, en 2018 estamos atendiendo a 9 familias. Los procesos de intervención son largos y pasan por diferentes fases, ya que tal y como hemos dicho la vergüenza y la culpa son dos de los sentimientos más presentes por parte tanto de los progenitores como los adolescentes. Cuando intervenimos se debe tener mucho cuidado, porque el nivel de tensión ha sido muy alto. Debemos ser capaces, por poner dos ejemplos, de ponernos tanto en el lugar de la madre agredida por su hijo como en el de la hija que rompió el cristal en una discusión. Y todo ello sin olvidar que un día también salieron todos juntos a comer fuera y guardan un muy buen recuerdo de ese día. Es aquí donde debemos buscar qué hicieron de diferente ese día, a fin de que ésta sea su línea a seguir, su nuevo camino.

En todos estos años el equipo que atiende a las familias se ha ido formando de manera más específica en esta problemática, siguiendo las líneas de la Escuela Vasco-navarra de Terapia Familiar, y a nivel teórico y práctico con la experiencia de Roberto Pereyra. Continuamos con ganas de seguir profundizando y ampliando la mirada para acompañar mejor a las familias, y de hecho, el equipo del Servicio de Atención a la Infancia y la Adolescencia está realizando actualmente una formación a la entidad Conexus, que lleva por títuloIntervención en violencia ascendente o filio-parental: atención a las madres y/o padres que la sufren y atención a los y las jóvenes que la ejercen.

Esperamos que con la ayuda de las formaciones que realizamos reencontrar el camino para subir y bajar del monte Olimpo será cada vez más fácil.

 

 

Patrícia Ortuño
Cap Servei Atenció a la Família i a la Infància (SAFI)