¿Cuál es la tarea de la intervención profesional en casos de abuso sexual infantil? Esta intervención debe tratar sólo al menor o incluir la familia entera? ¿Qué sentimientos surgen durante el proceso?

Hacemos hoy unas consideraciones sobre la función imprescindible del profesional en casos de abuso sexual hacia niños o jóvenes recogiendo las reflexiones lanzadas durante el Seminario sobre Abuso Sexual Infantil, organizado hace unas semanas por el centro Hestía y conducido por el profesor Luigi Cancrini, fundador y presidente del centro de terapia familiar y relacional de Milán y director de la Comunidad de menores Domus de Luna, en Cerdeña.

A través de la exposición de un caso atendido en la comunidad que dirige, el profesor habló de la importancia de la intervención profesional y especializada en los casos de abuso sexual infantil. Si se tiene en cuenta que la mayoría de casos se producen en el ámbito intrafamiliar, se puede considerar que es producto de una disfunción en el sistema familiar que puede implicar generaciones, lo que justifica la intervención con todo este sistema y no sólo con el niño. Si además se tiene en cuenta que el pronóstico de los niños víctimas de abuso es mucho mejor si reciben el apoyo de los padres, esta intervención se convierte no sólo en justificada sino en imprescindible.

La intervención con las familias se orienta a acompañar a los referentes de la víctima a lo largo del proceso posterior a la revelación del abuso para ofrecer guía, apoyo y un espacio de reflexión. Es necesario proporcionar información y explicación sobre las peculiaridades del abuso sexual infantil para eliminar las falsas creencias, ya que es un tipo de maltrato infantil con consecuencias muy severas y concretas que hay que entender correctamente.

El impacto que este tipo de maltrato tiene en el sistema familiar va más allá de la víctima. A menudo, aparecen sentimientos de culpabilidad en los padres por no haber sabido detectar la situación y no haber podido proteger a su hijo o hija. En otros casos, el desconcierto y el miedo por la posible rotura de algunos vínculos familiares puede conducir a la negligencia en la protección del niño. Así, la intervención permite redirigir el foco hacia la protección de las víctimas y hacer énfasis en la importancia del apoyo incondicional de los padres a los niños para poder minimizar las consecuencias. Deviene necesario trabajar los miedos de los padres para evitar que se transmitan a los niños en un momento en que la confianza en los adultos está muy dañada y es vital que reconozcan espacios de seguridad.

Las consecuencias del abuso sexual infantil a corto y largo plazo son múltiples y dependen de varios factores, como la duración y la intensidad del abuso, la identidad del agresor, la edad del niño, factores psicosociales o el impacto que haya tenido su revelación. Asimismo, las secuelas se pueden observar tanto a nivel psicológico como conductual y manifestarse en el comportamiento, el estado de ánimo y las conductas sexuales de los niños. La intervención familiar permite reconocer los indicadores de estas consecuencias y ofrecer herramientas para poder responder con seguridad y afecto.

La importancia de la intervención familiar en estos casos radica no sólo en la necesidad de ofrecer una respuesta de contención inmediata al niño y la familia sino también en el hecho que impacta proporcionalmente en el futuro tanto de la víctima como de sus familiares. Es decir, una intervención especializada y cuidada se convierte también en una forma de prevención de futuras psicopatologías surgidas de una gestión deficiente de la situación. Igualmente, favorece la rotura de dinámicas familiares que reproduzcan y perpetúen el maltrato como forma de relación en favor del fortalecimiento de los vínculos seguros y estables tan necesarios para los niños y niñas víctimas de abuso sexual.