Un clamor de rechazo contra los diferentes tipos de violencia y un grito reclamando #ProuViolència. El concierto que anoche organizábamos en el Casino la Alianza de Poblenou fue eso y mucho más. Fue una noche memorable que mezcló a partes iguales diversión y reivindicación, que puso sobre la mesa algunas de las claves de la lacra de la violencia, que nos permitió escuchar testimonios en primera persona que nos pusieron los pelos de punta y que terminó con un mensaje optimista y vitalista: la violencia es terrible pero gracias al reconocimiento y al acompañamiento a las víctimas podemos conseguir salir de ella.

La jornada, conducida por el actor Pep Planas, comenzó con mensajes de rechazo a la violencia proyectados en el escenario, y también con audios que narraban en primera persona aterradoras experiencias vividas por sus propias protagonistas que nos permitieron captar el alcance de esta lacra y el efecto que deja en las supervivientes. Estas vivencias eran anónimas por el propio deseo de sus protagonistas, pero una joven de 15 años, Mina, tuvo el valor de subir al escenario a explicar ante cientos de personas su experiencia de violencia. Durante sus terribles palabras, el silencio era absoluto y el ambiente era tenso. Al terminar, el público estalló en aplausos para reconocer la valentía y dar apoyo y calor a la joven.

 

En este momento, fue la psicóloga de la Asociación «in vía», Cova Álvarez, quien subió a leer un texto en nombre de la entidad que intentaba poner nombre a lo innombrable, escarbar en los orígenes y claves de los diferentes tipos de violencia, de las barbaries históricas y actuales, del racismo, del abuso, de las discriminaciones diarias y sobre todo, de la normalización de esta violencia y de la impunidad e indiferencia social, que suponen el principal mecanismo de perpetuación y reproducción de esta situación. Ante esta indiferencia, la receta de In via es visibilización del monstruo, la concienciación social, la implicación de todos y todas y el reconocimiento de las víctimas. Y también el acompañamiento y la acogida de las supervivientes para que puedan recuperar lo que han perdido, o mejor dicho, lo que les han robado, y puedan conseguir espacios dignos de reconocimiento, dignidad y respeto.

Después, fue el turno de la música, que dio continuidad al protagonismo femenino de la noche. Primero, los Màia llenaron el escenario con la rítmica de sus composiciones, la cálida voz de Marina Prades y el sonido mágico del acordeón eléctrico. A continuación, la soulwoman Meritxell Negre tomó el relevo y demostró su dominio del escenario, entonando clásicos de soul, pop y rithm&blues con su imponente voz heredera de las grandes damas afroamericanas del género, y haciendo levantar todo el mundo de la silla para bailar. En la clausura, subieron al escenario juntas para cantar conjuntamente «Happy» y cerrar la noche con buen sabor de boca.

Una noche para el recuerdo que reunió diversión y reivindicación a partes iguales.