Cuando buscas una definición de familia puedes encontrar alguna similar a esta: «Una familia es un conjunto de personas unidas por lazos de parentesco. Estos lazos son principalmente de tres tipos: de pareja o de matrimonio, pudiendo ser polígamo, de filiación entre los padres y madres y los hijos, y de relación entre hermanos». Cuando queremos ir más allá, entre los profesionales y voluntarios que trabajamos con familias, estamos muy acostumbrados a hablar de familias monomarentales, familias extensas, familias reconstituidas, etc.: conceptos que hacen referencia a la estructura de la familia y a los miembros que la componen.

Desde los servicios del SAFI (Servicio de Atención a Familias e Infancia) de la Asociación «in vía» nos interesa no sólo saber y conocer la estructura de la familia, su organización, sino también sus vínculos emocionales, sus relaciones intra y extrafamiliares, y poder mirar cada familia como si fuera única, con situaciones, sentimientos y composiciones que hacen que tenga una identidad propia.

La familia, por sí misma, es fuente de alimento emocional y también normativo para los hijos/as. Esto hace que tenga un poder por encima de otros grupos de personas que se forman que la hace absolutamente privilegiada, y esto es obvio cuando ves las alegrías que puede compartir una familia y también los sufrimientos.

Es precisamente en este último estado -es decir, una familia que está sufriendo, que está en conflicto, que se encuentra en una situación de vulnerabilidad psicoemocional, o social al no tener las necesidades básicas cubiertas- como llegan las familias a nuestros servicios: en el momento del sufrimiento y del malestar. Pasamos entonces a ser espectadores/as privilegiados/as de su vida, de sus partes oscuras, de su tristeza, desesperanza, rabia, y de todo tipo de sentimientos de carácter negativo que están presentes cuando las cosas no van como deberían ir. Somos espectadores en un pequeño lapso de tiempo, e intentamos poder ver la luz, su luz, la que ahora no muestran porque está temporalmente apagada.

¿Qué significa ver su luz? Pues significa, antes que nada, agradecer que puedan compartir con nosotros, desconocidos/as, su intimidad, poder ver la valentía que implica abrirse a los demás. También ser conscientes de que los expertos de su vida son ellos y ellas, que nunca podremos saber más que ellos de su vida ni de cómo solucionar sus conflictos, aunque la oscuridad temporal no les deje ver el camino. Y acompañarlos en el proceso de poder ver sus puntos fuertes, sus estrategias del pasado para desenvolverse, su alegría y su amor. Les cogemos de la mano y les acompañamos hacia su pasado positivo, hacia su historia alternativa del relato, la que ha existido y que todavía se puede recuperar. Y por encima de todo, lo más importante: les ayudamos a recuperar sus capacidades como familia: como lo hicimos con el otro hijo para que saliera bien? Como superamos esa enfermedad? Como nos acompañamos ante la situación de precariedad económica? Para nosotros, lo importante es que son únicos, y como tales, tienen unas capacidades únicas, con las que pueden volver a salir adelante, mientras les cogemos de la mano para explorar de nuevo su propio camino.

 

Patricia Ortuño

Cap de l’àrea d’Atenció a la Família i Infància